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Botellón de encapuchados

Discoteca Hermo

“Ensayan y arman tanto o más ruido que los del ‘botellón’” (...) Todo es disparatado, año tras año, y el abuso encapuchado va a más, lejos de amainar. ¿Ustedes se imaginan que cualquier otro colectivo, religioso, político, social, sindical, gremial, sexual, deportivo, juvenil, pretendiese lo que la Iglesia consigue, sin que rechiste casi nadie? Los jerarcas y acólitos de esa fe (por otra parte minoría: según las más recientes encuestas, sólo el 14% de los españoles se declaran católicos practicantes) se apropian de las principales y más céntricas calles de todas las ciudades, durante una semana entera. El tráfico queda interrumpido, las actividades normales y las urgencias son mandadas a paseo, los vecinos quedan cautivos en sus casas, y un monumental estruendo de sombríos tambores y trompetas tétricas se apodera del espacio común, impidiéndolo todo durante larguísimas horas (¿por qué las procesiones van a paso de procesión, y tardan cuatro y cinco horas en hacer recorridos que a paso normal llevarían a lo sumo una?). Sí, imagínense por un momento que unas bandas de jóvenes impusieran algo equivalente, siete días seguidos; que quisieran ocupar incesantemente las calles con su percusión y sus metales, con exasperante lentitud para hacer durar más el tormento. Y quien dice bandas de jóvenes dice de cualesquiera otros individuos, asociaciones o congregaciones. A nadie se le permitiría semejante atropello.

Aunque buena parte de mis lectores lo sean también de Escolar.net, hay algunas que merecen ser remarcadas. La postura es excesiva, no creo que fuera bueno para nadie un botellón de estas características. Pero sí es curioso como se crucifican a los adeptos a la fiesta alcohólica sin límites y se canonizan a los adeptos religiosos: al fin y al cabo alcohol y religión sólo son dos formas de escapar de la realidad.

Comparen ustedes mismos:
Semana-Santa.org
Tranoschando.com

Pásalo.

Vía: Escolar.net

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