Desde hace tiempo tengo tendencia a no acumular cosas físicas. Me estoy volviendo “minimalista”. A alguna gente le digo de broma que tiene el síndrome de Diógenes por acumular tantas cosas que yo cosidero casi “basura”.
Digamos que la “vida digital” me ha vuelto antifetichista. Creo que principalmente por dos motivos: simplificación que lleve a hacer las cosas más fáciles y accesibles, y quizás responsabilidad “ecológica” y “económica”: ¿para qué tener, por ejemplo, una radio si mi móvil tiene radio? ¿para qué imprimir papeles si los tengo en PDF? Si es necesario sí, pero el espacio en casa es limitado y cada cosa tiene que tener su razón de ser si quiere estar ahí (lo que no quita que me encanten los objetos decorativos de buen gusto). Lo admito: cuando me dejan en un espacio a mí sólo, soy bastante desordenado (¡que no sucio!).
Mi máxima en estos aspectos suele ser: no tener aparatos redundantes, si mi móvil o mi ordenador lo hacen, no quiero más. Por ejemplo, la minicadena acaba siendo inútil. O de forma más radical: hace unos tres años que no uso reloj. No a propósito, pero me rompió la correa y lo he dejado pasar hasta ahora. A veces busco uno que me guste, quizás más por estética, porque la funcionalidad la cumple el móvil.
Ni que decir tiene que objetos como “eurocalculadoras”, quitapelusas, abrecartas y demás “hardware redundante” no existen en mi mesa.
(more…)Nunca antes me había llevado tanto tiempo tratar de sacar información coherente a partir de tres artículos de tres periódicos distintos. Antes de nada, los enlaces:
Para empezar, vemos que El Mundo Motor es el que busca más “carne”. Justo debajo de su titular, se lo desmontan a sí mismos:
Los guardarraíles duplican las muertes en accidentes de moto(more…)
Según un estudio realizado por Linea Directa y el el Instituo de Tráfico y Seguridad Vial los guardarraíles duplican el riesgo de los motoristas de tener un accidente mortal cuando éstos se salen de la vía.

Utilizo Winamp como reproductor de música desde el principio de los tiempos. Hace unos años pensaba que allá por la versión dos punto algo había alcanzado su perfección, y cualquier cambio que le hiciesen simplemente lo estropearía. Así ha sido.
Hay aplicaciones que funcionan mejor cuanto menos notas que existen. A nadie le preocupa un cajero automático hasta que falla o cambian la versión por otra más lenta o menos usable. También puede que la siguiente versión la mejoren, pero el riesgo no compensa al usuario.
Para mí el Winamp es una de ellas: cargo la música, le doy a reproducir y no quiero saber nada más de él. Lógicamente, para sus creadores esa política no es rentable, y van añadiendo “mejoras” hasta que en una versión mi indiferencia pasa a cabreo: la principal feature para la 5.5 es que la playlist no puede ser independiente, y por tanto no puedo ver una lista larga de canciones a la vez sin hacer scroll. Quizás hay alguna forma de hacerlo, pero la verdad es que prefiero dedicar mi tiempo para curvas de aprendizaje en algo que me aporte más que una aplicación que llevo una década utilizando.
Edsger Dijkstra lo dejó muy claro hace unos años:
Entonces improvisan algo para venderlo. No tiene por qué ser bueno, siempre puedes engañar a la gente para que lo compre e intentar hacer versiones mejores más tarde.Así que tienes esos números de versión, incluso con decimales, versión 2.6 o 2.7. No tiene sentido. La versión 1 debería haber sido el producto finalizado.
La frase está sacada de una entrevista (disponible en Youtube, en holandés subtitulada a inglés) que recopila algunas de sus mejores ideas. Además de un genio de la ciencia informática (no la informática de “consumo”) era un filósofo.

Al final pude ver al señor Woody Allen tocando el clarinete junto a su banda de Jazz. Con las luces apagadas, tenía uno la sensación de estar en un garito de Manhattan tomándose un whisky y escuchando a la banda de Pig Joe & Co interpretando el repertorio de funerales, fiestas, prostíbulos e iglesias.
El concierto era gratuito, pero las colas que se formaron ayer eran descomunales. Estuve allí gracias a la inmensa paciencia y generosidad de Gonzalo, que se pasó ocho horas en la cola para conseguir un par de entradas. Un post de agradecimiento es lo menos que puedo hacer.
La foto es de Público/EFE, la de mi móvil no quedó tan digna.
Además de mi blog personal, que mantengo desde 2003, en marzo de 2005 fundé Diariomotor, desde septiembre del mismo año escribo en Motorpasión y actualmente también trabajo como coordinador editorial para Weblogs SL.
Últimamente es más fácil encontrarme en Twitter que en mi blog.





