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Democracia directa y participación desde casa

Llegará un día, no demasiado lejano, en el que el acceso a Internet sea casi universal en un país (por ejemplo, España), que su aceptación social sea como la de otras tecnologías como los ascensores (hay gente con miedo, pero la mayoría los utiliza), y que el coste de infraestructuras en la red para la administración no sea excesivo.

Ese día nos plantearemos si el sistema de votaciones que tenemos es así porque lo quisimos así, o porque no era viable ir a votar cada domingo. Y quizás más de uno se de cuenta de que, votemos al partido que votemos, por lo general no nos gusta alguna o varias cosas de las que hacen, pero no hay forma de comprar sólo lo que nos gusta de cada uno.

Entonces nos podremos plantear un escenario ideal en el que los votos no sean una carta blanca para que el señor que menos nos disguste haga lo que quiera durante los siguientes años. Democracia directa, en mayor o menor medida.

Lo que a priori me parece uno de los mayores avances que la tecnología puede propiciar, plantea algunos peligros. Por ejemplo, los impuestos son necesarios para que el mundo funcione, pero sería imposible aprobar una subida, aunque sea necesaria. No siempre sería una buena idea, pero cuando lo fuese difícilmente podría ser aprobada.

En los medios, el ejemplo lo tenemos en Menéame. ¿Es la mejor selección de noticias que puede haber? ¿Es mejor o peor que otra hecha por uno o varios expertos?

La solución a ambos problemas no es sencilla, pero probablemente sea la misma: conseguir el equilibrio entre ambos extremos, el de “esto es así porque yo lo digo” y “decidámoslo entre todos aunque no tengamos ni idea de qué va”. Dos ejemplos de tecnología bien entendida: la que nos hace mejorar.

4 comments

  1. Lo que pasa en esos escenarios es que los problemas de la democracia son más visibles. En nuestro país la gente puede decidir “mal” cada 4 años. Con la democracia directa y la falta de un líder, la gente puede decidir “mal” cada elección.

    Tampoco creo que sea un problema de educación o cortoplacismo, es que simplemente estamos dándole derecho a voto a personas que no tienen suficientes datos ni están tan especializadas como para decidir sobre cualquier situación. Por ejemplo, yo no tengo por qué saber nada de economía, y si me das el poder para decidir pues seguramente sea pésimo y lo haga mal. Educación, agricultura, defensa, salud, etc… yo, aunque estoy informado y entiendo bastantes cosas básicas de muchos temas, no tengo suficiente experiencia ni conocimientos como para poder decidir sobre una cuestión importante, pero de alguna manera la mayoría de la población quiere tener voz en cualquier tema.

    Mi opinión siempre ha sido que las sociedades deberían acercarse más a la forma real que tenemos de resolver los problemas: con personas expertas que decidan lo que hay que hacer. Personas expertas, no personas carismáticas elegidas por personas inexpertas que es lo que pasa ahora. Por supuesto esto es una utopía en un mundo en el que cualquiera tiene opinión sobre todo y casi nadie acepta que es un completo ignorante en casi todo. Pero mayor ingenuidad es creer que todos estemos suficientemente informados de todo.

    Luego está el tema de controlar (y elegir) a esos “expertos” para que no se emborrachen de poder absoluto y reine la corrupción. Minucias :P

  2. No conocía el caso de California, pero sí que es exactamente el problema. Totalmente de acuerdo con ambos.

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