Puede parecer duro, pero desde agosto de 2006 no he pasado ni un solo día sin Internet. Desde aquel viaje a las Islas Cíes.
El hecho en sí no es para tanto, pero sí que apetece pasar al menos un fin de semana completamente desconectado del trabajo. Realmente, si no lo hice es porque no quiero y porque disfruto con lo que hago, ya que nada me impide desconectar al 100% todos los fines de semana.
Además, que no haya tenido días 100% desconexión, no significa que no haya tenido momentos de relax incluso en los viajes de trabajo: dos veces Barcelona, tres Madrid, París, Sevilla, Ginebra, Praga, Parma y Londres (en los últimos 13 meses, me acabo de asustar a mí mismo).
Este es un pequeño análisis de mis vacaciones perfecas para desconectar:
Resumiendo, dos días de tranquilidad y pequeños placeres antes de que, como dice Esteban, terminemos pastoreando cabras.
Del lugar elegido (se lo cuento en privado a quien quiera) me han dicho que es un asco. Lejos de tirarme para atrás creo que me ha animado, de hecho no salir del hotel más que para comer y beber podría considerarse un gran éxito.
Nos vemos el lunes.
Llegas a casa con el coche cargado, lo aparcas en la acera delante de tu casa para descargar, dejas luces encendidas para que se vea bien, descargas el coche… y te olvidas de él. Cosas que pasan. El caso es que al día siguiente me lo encuentro sin batería, y aprovecho para contar la experiencia de usuario. ¿Por qué no en Motorpasión? Pues porque sería injusto para el resto de las marcas, tanto lo bueno como lo malo. En todas partes cuecen habas. Por partes:
Situación previa: Cargo la batería con unas pinzas y otra batería. Las luces encienden, pero al dar el contacto el ordenador de a bordo me dice “Fallo sistema motor”, que, en símiles informáticos, no es un Kernel Panic pero sí un Segmentation Fault. Como diría Vincent (Pulp Fiction) “oye, aparte del cadáver en el maletero, al coche no le pasa nada más, ¿vale?”.
Los llamo porque tengo contratado un seguro de extensión de garantía que incluye ayudas diversas como “he perdido las llaves y no estoy en casa” o este tipo de situaciones tontas. Le explico a la persona que me atiende que quiero saber si me puede explicar qué le ha podido pasar al coche (sospecho que sea un tema sólo de software), me dice que no. Le digo si me van a enviar asistencia de Ford, con alguien con un cable de datos para el coche, sin tener que llevarlo al concesionario. Me dice que no sabe. En total, más de 9 minutos de conversación sin aportarme nada, sólo para enviarme una grúa. Teniendo en cuenta que mis preguntas no ocuparon más de 30 segundos, no entiendo para qué hace falta preguntrarme matrícula, número de bastidor, póliza de seguro (¡no estoy llamando al seguro!) y hasta el color del coche.
Puntuación: Mala.
Es el concesionario donde compré el coche. En la espera por la grúa, los llamé, más que nada para hablar con alguien que se enterase del tema. Me dicen que ellos no envían soporte, que a saber qué me mandan, y que no lo lleve ahí que tienen la máquina de diagnóstico estropeada, y que tardan una semana en arreglarla. Creo que yo tardaría menos en comprar el cable por Internet y bajarme el software para el portátil, pero bueno, no me meto. Me recomiendan otro taller oficial no muy lejos.
Puntuación: No aplicable, pero sería buena.
Me habían dicho 30 minutos, pero tardó más de una hora. La grúa era de RACE / Caser Seguros si no me equivoco. Obviamente, el tipo ni idea de lo que pasaba al coche, ni se molestó en preguntarme. Llegó fumando un puro que llegó a meter dentro de mi coche, me hizo sacar a mí el enganche trasero (no fue fácil, la puerta del maletero no se podía abrir por no tener batería el cierre), empezó a arrastrar el coche con el freno de mano hasta que se lo dije, y casi me revienta una rueda con un bordillo, hasta que se lo dije. Hay que ser patoso. El operario, Virgilio, me parece leer el número CN15110, por si quieren referencias.
Puntuación: Peor imposible
Cuando lo hacen bien, también hay que reconocerlo. Sin pedir cita, me resuelven el problema (el coche tenía dos fusibles fundidos por conectarle la otra batería), me los ponen en garantía y me hacen la revisión anual (que ya tocaba) en poco tiempo.
Puntuación: Perfecto.
Actualizo el post para añadir una valoración concreta, porque todo el mundo ha dado por hecho que estoy descontento.
Con todo lo que depende directamente de Ford (los dos concesionarios), me he quedado satisfecho o muy satisfecho. La pega que le pongo es que no tengan unidades móviles que me pudiesen solucionar la papeleta sin tener que mover el coche en grúa (dos fusibles y un cable de datos les caben en cualquier furgoneta pequeña).
A su call center le pongo mala nota porque es como llamar a una grúa (y además más lentos), que sea un número de Ford no me aporta nada.
La grúa que me envían tampoco depende de Ford, y ojo, porque el mayor cabreo es con ellos. Y la grúa puede ser la misma para Ford o para Mercedes.
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Uno de los problemas de los concesionarios y talleres es que se pueden permitir tratar mal a sus usuarios sin que éstos tengan muchas opciones donde elegir. Es otro de los casos en los que los blogs pueden suponer una ayuda a la hora de valorar estos servicios. Torres más altas han caído.

8000vueltas cumplía hace casi 20 días su primer año de vida. Confesaré una cosa: soy malísimo con los cumpleaños, mis amigos lo saben. Cualquier año se me pasa el mío. Por eso creé en Google Calendar un calendario con los cumpleaños y un aviso una semana antes.
El caso es que la gente de 8000vueltas me cita entre la lista de personas que han conocido este año, y yo ni les he contestado con un comentario, de ahí que se merezcan mi felicitación pública con un post dedicado. Porque ellos también forman parte de toda esa gente que he conocido gracias a los blogs, y porque tienen el mejor blog amateur (léase con fines no comerciales) sobre coches en español. Ah, os podéis ahorrar la pregunta: sí que he intentado ficharlos, pero no se dejan.
Mi descuidos con las relaciones personales de estos últimos tiempos vienen por una época de trabajo acumulado, que poco a poco se va estabilizando.
Pero claro, esto tiene consecuencias: “¿Te pasa algo conmigo¿”, “cari ya no me quieres”, “tú antes molabas”... El motivo principal es que ahora mi estado “Ocupado” en MSN/Gtalk significa eso: ocupado. Que nadie se asuste si no le contesto en ese estado, que esté menos tiempo disponible no significa que no quiera hablar con la gente. El uso adecuado de la mensajería instantánea es mejor para todos: mucho mejor aprovechar el tiempo libre para tomar un café en VidaReal™.
Hace un año, mientras grababa los primeros capítulos de la serie Cuenta atrás, que emite Cuatro, Dani contaba que, aunque el resto del grupo se encontraba de vacaciones, él llevaba un tiempo trabajando en el próximo disco. Había sonado un clic en su interior. Y refirió un episodio para explicarse. Dijo que llegó una carta, una de tantas. Porque solía haber miles sobre la mesa de la oficina. De esas que apenas se leen: miran el remite y contestan con una foto firmada, poco más. Pero aquella, dijo Dani, asomaba sus bordes sobre el resto de papeles. La tomó entre las manos y la abrió. Escribía una madre con letra quebrada hablando de su hija muerta. Un coche, un borracho, adiós. Elena quedó tendida en el suelo. El conductor sopló y superó en varios puntos la tasa de alcohol permitida. Una cifra en el periódico, una familia rota. Ocurrió en fin de semana, el año que Elena estudiaba en el extranjero. Vino a Madrid dos días. Pasó sólo uno.
La madre, siguió Dani, no pedía nada. Sólo que aprovechasen su tirón entre la juventud e intentasen hacer pensar a la gente, en fin, que qué les lleva a coger el coche en ese estado. “Cuando eres una persona creativa, y de sentimientos, esas cosas te afectan”. Primero probó a escribir una canción a la chica. Pero chirriaba: en la letra hablaba de una chica buena y un hombre malo. Se frenó sobre la vida del que llevaba el coche borracho. “¿Por qué te llegas a beber 200 copas y coges el coche? Estás tapando algo, me dije. En un porcentaje alto, tienes un problema. No me refiero a que sea tonto, no: este tipo quiere llamar la atención, tiene una falta de cariño, una carencia de afecto, algo. Creo que no sólo hay que ponerse de un lado, sino que hay que ayudar y hay que corregir. Estoy componiendo un poco en esa línea. No hay algo que esté mal o bien. Somos personas.
Elena no es Elena, sino Helena. Y la que escribe la carta es Flor, la autora de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir!, que sigue luchando para que su historia no se repita. Me lo contó esta mañana por mail y me quedé gratamente sorprendido de que detrás de las canciones haya una inspiración así. Me alegro porque su esfuerzo obtiene una merecida recompensa.
Flor cuenta en su blog: El Canto Del Loco y Helena

Probablemente en unos meses me cambie de piso, y una de las cosas que buscaré en el nuevo es que sea adaptable para convertirse en un sitio más cómodo para trabajar. No aspiro a un Googleplex en casa, pero al menos sí una “choza” que me permita sacar la oficina de la habitación, que va siendo horas. También volveré a Santiago después de unos cuantos años viviendo a tiempo casi completo en Coruña, pero eso es otra historia.
Gonzalo me había pasado hace unos días un enlace de The Cool Hunter llamado Creative Work Enviroments, la verdad ninguno me acaba de convencer. Mi cibernovia (la que me quita los puestos) me pasa hoy otro llamado Web 2.0 Workplaces, con las sedes de Seesmic, Twitter, Digg, Netvibes (¡con monitores como el mío!), Facebook y otros.
Seguro que entre Gonzalo, Marcos (our man in London) y los suecos esos puedo montar algo agradable.
Además de mi blog personal, que mantengo desde 2003, en marzo de 2005 fundé Diariomotor, desde septiembre del mismo año escribo en Motorpasión y actualmente también trabajo como coordinador editorial para Weblogs SL.





