Estos días comentábamos el sentido que tiene realizar acciones de marketing en Tuenti para algunas empresas. El usuario medio de Tuenti es bastante más joven que el perfil ideal para la mayoría de las marcas de coches, por ejemplo. Pero creo que las empresas olvidan a veces una ley de la que yo al menos no consigo escapar: el tiempo pasa para todos. No sé si yo soy el raro, pero las experiencias que he tenido con empresas anteriormente condicionan por completo mis decisiones ahora.
Ejemplo 1, el banco
Tengo 27 años. Aproximadamente con 22, cuando estaba terminando la carrera, fui a la oficina de un banco a preguntar por una tarjeta que me interesaba. Su respuesta fue que sin nómina no me la podían dar, ni de broma. En plena época de bonanza económica. Lo entiendo y lo respeto perfectamente. Eso sí, ahora que estoy buscando bancos para una SL, está claro que no lo pienso pisar.
Al héroe que deja sus estudios antes de terminar la ESO para irse a un trabajo poco cualificado, démosle hipoteca y préstamo para el coche. Al universitario, ni una tarjeta aunque el límite de crédito sea menor que su saldo en cuenta.
Ejemplo 2, las aseguradoras
Si eres hombre con menos de 25 años asegurar un coche es tremendamente caro. La mayoría de aseguradoras low-cost no aseguran a menores de 25. También comprensible y respetable. Me voy a comprar otro coche del que el seguro no es barato, y aunque ya no utilice el mío actual seguiré tomando la decisión de la compañía en la cual se asegura. Ahora sí soy su cliente perfecto, ¿pero adivináis a qué compañías no pienso ir ni aunque me cuesten menos?
Bonus track, el camionero
Tengo una imagen grabada a fuego. Cuando los camioneros cortaron los accesos a Madrid para protestar por la subida del gasóleo. Uno de ellos decía que no se iban a mover de allí, y que pobres de nosotros como a la Guardia Civil se les ocurriese sacarlos por la fuerza. “Qué se creen que somos, ¿universitarios?” Desde luego la opinión de una persona no es representativa. Pero Antena3 lo escogió como declaración y a nadie parecía preocuparle.
Al señor que se trabaja en un modelo de negocio insostenible y molesta a los demás para pedir al Gobierno dinero, que nadie lo toque. Al perroflauta que molesta a los demás para pedir al Gobierno dinero, a palos con él. Aclaración: en cualquiera de los dos casos, el corte de tráfico no me parece justificable.
Sigamos con esa visión cortoplacista, pensando en achicar el agua de hoy y no en construir estructuras sólidas, seguro que nos sigue funcionando tan bien como hasta ahora. Y de política, mejor ni hablamos.
Hace unos días tuve que visitar a una abogada para arreglar unos papeleos. Trámite administrativo normal, nada extraño. El caso es que nos recomendaron una. Concierto una cita, y en cuanto entro por la puerta lo primero que me dice es “tú tienes pinta de saber de informática”. Se me ocurrieron unas diez respuestas, a cada cual más grosera, pero decidí dejarlo en un simple “sí, es posible, ¿por?”.
Entonces me empezó a explicar que llevaba todo el día sin poder entrar en su e-mail (eran las 16:30 ya), y me enseña su monitor. En él aparece un aviso (no sé si un aviso legal o por el estilo) sobre algún cambio en Hotmail, y un botón grande que ponía “Aceptar”. Al final de la página, un enlace que llevaba a otro sitio con más información.
Yo seguía sin abrir la boca y, la mujer, de unos 35 años y sin ningún problema cognitivo aparente, me dice que ella “hace click allí” (en el enlace, no en el botón de aceptar) y que “le aparece eso”. Tomo aire y le explico con algo de ironía y ninguna sonrisa que normalmente el botón de Aceptar es el que se utiliza para aceptar, y que esto parece un problema de comprensión más que un problema informático.
Me siento y me explica los papeleos que tendría que hacer, finalmente me dice que las gestiones suman unos 600€. En ese momento me entran ganas de preguntarle si me descontará los 60€ por la pregunta que ella me ha hecho, pero decido coger el presupuesto y decirle que ya la llamaré.
Obviamente, me he buscado a otra persona para que lo haga, y posiblemente me salga mucho más económico. Pero lo que me sorprende es que alguien que se dedica a consultoría, véase hacer cosas para ella normales pero que a los demás nos costarían mucho más trabajo, muestre esa tranquilidad al admitir al primer cilente que entra por la puerta que es una analfabeta digital. Peor que eso, que no pone el más mínimo interés en hacer lo que hace, y que puede estar todo el día sin correo electrónico por no leer cuatro líneas.
Próximo capítulo, algún día, los médicos.
Tenía pendiente desde hace algún tiempo escribir esto, y hoy parece un día adecuado, cuando conocemos que ya hay tres millones de parados en España. No soy muy amigo de los consejos ni de los libros de autoayuda, pero aprieto los dientes y allá vamos.
Internet puede ser una buena herramienta para mejorar nuestras habilidades, para encontrar trabajo o para crearnos un trabajo. Iremos de menos a más, de forma que los consejos puedan resultar útiles para todo tipo de perfiles, aunque con una condición necesaria: ganas de trabajar y de hacer cosas. Sin esto no vamos a ninguna parte.
El tiempo libre es la materia prima para crear algo, algo que no valoras lo suficiente hasta que te quedas sin él. Así que aprovéchalo, lo que hagas con él es una inversión de futuro. Si estás en paro o no trabajas a jornada completa, tienes bastante. Y aunque trabajes 8 horas al día sigues teniendo margen.
Todo esto, como complemento a la formación universitaria o profesional.
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Admito que soy lento descubriendo el potencial de las redes sociales. Y eso que recuerdo que antes de Orkut ya había probado unas cuantas. Me llama la atención el movimiento de los juegos, con tendencia a popularizarse cada vez más.
Empezaron siendo de gamers, un sector todo lo amplio que se quiera pero que no abarca a todo el mundo. Después, los juegos flash hicieron que los funcionarios mucha más gente encontrase un time waster perfecto. Después movimientos como la Nintento Wii o la DS, para la madre y la abuela.
Y ahora, un paso más: los juegos flash vinculados a una red social. En la foto, el Biotronic. Uno de estos juegos que, como el Tetris, nos engancha por la necesidad humana de tener todo ordenado, ese pequeño placer de juntar tres piezas iguales para que desaparezcan. Pero ahora aparece un aliciente muy poderoso: competir contra tus amigos, de forma automática y asíncrona.
En el lateral del juego te aparece el ranking, con la foto de todos tus amigos (esto es interesante, es tu ranking personalizado, el global no interesa), simplemente instalándolo como aplicación en Facebook. Creo que con esto han conseguido a enganchar a un grupo todavía más grande, entre el que me incluyo: no estoy dispuesto a gastar mi tiempo en un juego flash, pero se ha convertido en parte de la socialización.
Lo que me lleva a una reflexión: estoy utilizando una red social, en este caso, con vínculos del “mundo real”. Suena a Tuenti.
¿Y qué pasaría si lo agregasen a Tuenti?
Facebook tiene la ventaja, o desventaja, de ser mucho más heterogéneo en su utilización. De hecho, de mis más de cien contactos, sólo un grupo concreto utilizan este juego. Sin embargo Tuenti, al tener menos opciones, tiene la capacidad de centrar la atención del usuario en cualquier cosa que añada.
Me lo imagino en Tuenti: juega al Biotronic y compite con tus amigos. Ranking sólo de tus amigos para comentar offline + juego adictivo. ¿Cuántos puestos bajaríamos en el Informe Pisa?
Que nadie se confunda, no sería culpa de Internet ni de la red social. Sería un caso más en el que saldría a relucir nuestra poca madurez a la hora de utilizar la tecnología. Otro capítulo más para ese libro que posiblemente nunca escribiré.
Si hubiese una norma que te prohibiese mostrar tus productos de Apple o decir que los tienes, no venderían ni el 50% de lo que venden ahora. Con los coches de moda, el porcentaje es similar. A casi todo fanático por los gadgets, en el sentido amplio de la palabra, le encanta mostrar su última adquisición.
La bicicleta nueva de los Reyes Magos se reinventa cada pocos meses en forma de teléfono móvil, portátil, reproductor MP3, coche o cualquier otra cosa que pueda causar admiración. De hecho, la principal funcionalidad del iPhone es que puedas ligar con él (quizás ahora ya no).
De lo contrario no se explicaría que un tipo desaliñado con una camiseta de publicidad tres tallas más grande, y que pide pizzas por un script Perl conectado por VPN a la pizzería de su cuñado, te hable del diseño y usabilidad.
El caso es que, para mí, el problema es el contrario, los gadgets que hacen que no pases desapercibido. No me voy a meter en los motivos, pero casi nunca veo a nadie con una Blackberry por aquí (Galicia). Por ejemplo, en la sala de espera de una consulta médica. Me siento mucho más cómodo utilizando el móvil (mira ese chaval, seguro que está enviando sms guarros a su novia) que con una Blackberry, iPhone o similar (mira ese, ¿qué tiene ahí?).
La aceptación social de la tecnología es un tema que hace tiempo que me fascina. Y, aun teniéndolo en cuenta, a veces meto la pata, porque la horquilla de la normalidad es mucho más pequeña de lo que uno se imagina:
Yo: En Ginebra me llamó la atención ver a una señora de 60 años en el tranvía con una Blackberry…
Respuesta: ¿Qué coño es una Blackberry? Ya estás con tus cosas frikis…
Cosas de la brecha digital. Al menos no me preguntaron qué es un tranvía.
A título personal, me gusta que la gente me pregunte por lo no obvio, algo que pueda resultar interesante y que haya sido escogido por mí sin el objetivo de que el resto lo vea. Lo interesante es guardar un equilibrio perfecto entre lo que enseñas y lo que escondes.
Además de mi blog personal, que mantengo desde 2003, en marzo de 2005 fundé Diariomotor, desde septiembre del mismo año escribo en Motorpasión y actualmente también trabajo como coordinador editorial para Weblogs SL.
Últimamente es más fácil encontrarme en Twitter que en mi blog.





