
Para celebrar que hoy mi blog cumple cuatro años (ver post anterior), voy a hacer un post de esos con los que empecé, una mezcla de monólogo cómico y pequeña indignación que gustará a los lectores más cercanos y hará replantearse al resto mi presencia en sus lectores de feeds.
Al grano. El caso es que utilizo dos marcas distintas de enjuague bucal, una en cada piso. Una es Listerine y la otra Líquido de enjuague bucal Carrefour. Los dos dejan la boca fresca, pero el Listerine quema como si fuese ácido. Me he planteado llamar al teléfono de atención al cliente de Listerine para preguntar quién de los dos me la está jugando: o bien Carrefour me está vendiendo uno que no funciona, o bien Listerine me está haciendo sufrir sin motivo.
Dice la leyenda que un directivo de una compañía aérea ahorró nosecuantos millones al año por quitar una aceituna de la ensalada. O su modelo de negocio era vender comida a bordo de los aviones y el mal funcionamiento de la empresa se debía al coste de las materias primas, o directamente ganaban tanto que poco importaba. Al final una aceituna es una aceituna. Y según ese mismo razonamiento, si apenas influye en el producto final, que saque dos y gane el doble, ¿no?
Esto viene al fantástico estudio sobre que los ingleses pierden 145 millones de horas al año buscando su coche, tiempo en que los centros comerciales dejan de ingresar 900 millones de euros al año. Porque ya se sabe, yo si no compro más es por el tiempo que tardo en encontrar el coche, no por otra cosa, que soy un consumidor sin criterio y dinero infinito que utilizo todo mi tiempo para comprar.
El caso es que este razonamiento lo utiliza una empresa que fabrica tonterías para justificar la utilización de un sistema para encontrar el coche en el párking (leed la nota de prensa original, no tiene desperdicio). Claro, que puestos a jugar, jugamos todos:
En Reino Unido hay 27 millones de conductores. Si todos tuviesen este sistema, suponiendo que cueste unos 100 euros, gastarían 2700 millones de euros. Si ellos suponen que los consumidores utilizarían su tiempo para comprar, yo puedo suponer con la misma autoridad (y que alguien me diga lo contrario…) que utilizarían ese dinero para acabar con la pobreza, por tanto morirían decenas de miles de niños al año por desnutrición y falta de vacunas, por ejemplo. Y si contamos el dinero que se ahorran por no estar comprando en ese tiempo, acabamos también con el cambio climático.
Suelo decir en broma que mi trabajo tiene una ventaja fundamental sobre otros: puedo ir a trabajar en pijama y sin ducharme. Pero la realidad es bien distinta, trabajar como “autónomo”, y más en concreto trabajar en casa, tiene sus infinitas desventajas. Las ventajas no las comento, porque son triviales. ¿Cuándo empiezas a trabajar? ¿Cuándo terminas de trabajar? ¿Es razonable que las decisiones estratégicas fundamentales para tu futuro laboral puedan ser interrumpidas en cualquier momento de la misma forma que te interrumpen cuando estás tirado en el sofá descansando?
No es fácil. Ya no por el tiempo, sino por retomar la concentración y diferenciar trabajo de no trabajo. Enrique Dans lo explica bien en dos posts, en teoría separados, pero muy relacionados:
Después, existe otro problema añadido: la falta de comprensión por parte de la gente. Alguien te invita a tomar un café, le dices que en ese momento no puedes, que estás trabajando. Él te responderá que, tal como le has explicado anteriormente, puedes elegir tu horario de trabajo. Pero esa persona no entenderá que elegir el horario no equivale a no tener horario. Tristemente, cuando trabajaba por cuenta ajena, a pesar de que mis condiciones eran infinitamente peores, nadie cuestionaba mi horario.
Existe también otro problema, este ya diferenciado del teletrabajo y común a cualquier empleo por cuenta propia: ¿cuánto debo trabajar? Es otra decisión importante y difícil. A menudo te planteas que, si dejas de salir esa tarde, puedes trabajar y cobrar más. O al revés, si dejas de trabajar esa tarde, cobrarás algo menos pero te librarás del trabajo.
Para solucionar todo esto, podríamos seguir una serie de consejos. Espero que tengáis más suerte que yo en su aplicación, porque sinceramente me cuestan:
Por cierto, todo esto viene al hilo de las teorías sobre el tiempo, tema bastante relacionado.
La gran mayoría de los discursos sobre productividad, eficiencia, optimización, productividad y demás historias me parecen cuestiones bizantinas, al menos cuando están relacionadas con el trabajo y las personas.
Sin embargo hay algunas excepciones, bastante acertadas, que quizás tampoco nos ayuden a mejorar pero sí a reirnos un poco de nosotros mismos por lo cotidianas que nos pueden resultar.
Esta tarde ha sido para mí la máxima expresión de la Ley de Parkinson
El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine
Son las 21:23, y no he acabado lo que pretendía hacer esta tarde, tareas que con dedicación “a tope” hubiera podido terminar en un par de horas, pero diversas interrupciones voluntarias (entre ellas este post) han hecho que no sea así. Lo que nos lleva a otra teoría, que en 3º de EGB ya estaba en mi cabeza en base a la experiencia:
Una tarea se hace más larga cuantas más veces la interrumpamos
En los humanos, por la pérdida de concentración. En los Sistemas Operativos, el aumento del quantum de los procesos minimiza a la larga los cambios de contexto, maximizando el throughput, aunque penalizando el tiempo de respuesta. ¿Por qué a todos esos “tuneros” que le ponen cosas a la caja de su pc nunca se les ha ocurrido poner una ruedecita que modifice por hardware el quantum de los procesos, para cuando el sistema operativo entra en hiperpaginación? En vez de eso bajan la temperatura del PC, no lo entiendo. Claro, porque son tuneros, y no se les ocurren cosas. (Realmente la cosa no es tan fácil, pero ellos tampoco saben por qué).

Soy estudiante, empresario, autónomo, blogger… al menos eso dicen. El caso es que también cocino, como el resto de los humanos. Y la cocina y los supermercados son dos de las principales fuentes para los blogs personales, de hecho podrían ser temáticas importantes para blogs si fuesen comercialmente viables.
El caso es que, en mi abandonada sección Teorías sobre la vida, hoy toca hablar de Cocina y orgullo. Cocinar es una actividad técnico-artística que todos realizamos, lo suficientemente subjetiva para irritar a quién vea negada la gratitud de sus creaciones. Ya hace años desarrollé mi teorema Cocinar con chaqueta, que expresaba el estrés que siente la gente viendo a alguien vestido de calle al lado de dos fogones a tope, y era útil para evitar moscones en la cocina. Probadlo, poneos vuestra mejor chaqueta para cocinar, veréis como la gente se lleva las manos a la cabeza.
(more…)Además de mi blog personal, que mantengo desde 2003, en marzo de 2005 fundé Diariomotor, desde septiembre del mismo año escribo en Motorpasión y actualmente también trabajo como coordinador editorial para Weblogs SL.





