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Trabajo en blogs y planificación de tiempo

Suelo decir en broma que mi trabajo tiene una ventaja fundamental sobre otros: puedo ir a trabajar en pijama y sin ducharme. Pero la realidad es bien distinta, trabajar como “autónomo”, y más en concreto trabajar en casa, tiene sus infinitas desventajas. Las ventajas no las comento, porque son triviales. ¿Cuándo empiezas a trabajar? ¿Cuándo terminas de trabajar? ¿Es razonable que las decisiones estratégicas fundamentales para tu futuro laboral puedan ser interrumpidas en cualquier momento de la misma forma que te interrumpen cuando estás tirado en el sofá descansando?

No es fácil. Ya no por el tiempo, sino por retomar la concentración y diferenciar trabajo de no trabajo. Enrique Dans lo explica bien en dos posts, en teoría separados, pero muy relacionados:

  • Tráfico y tecnología, o las ventajas de trabajar desde casa.
  • Un despacho en Kinko’s, cuando trabajar en casa es imposible, pero ir a un sitio físico no tiene sentido. Se trata de oficinas de alquiler cercanas al domicilio de cada uno en el que, originalmente, encontramos teléfono, fax, fotocopiadora y demás. Pero más importante que todo eso: tranquilidad y ambiente de trabajo.

Después, existe otro problema añadido: la falta de comprensión por parte de la gente. Alguien te invita a tomar un café, le dices que en ese momento no puedes, que estás trabajando. Él te responderá que, tal como le has explicado anteriormente, puedes elegir tu horario de trabajo. Pero esa persona no entenderá que elegir el horario no equivale a no tener horario. Tristemente, cuando trabajaba por cuenta ajena, a pesar de que mis condiciones eran infinitamente peores, nadie cuestionaba mi horario.

Existe también otro problema, este ya diferenciado del teletrabajo y común a cualquier empleo por cuenta propia: ¿cuánto debo trabajar? Es otra decisión importante y difícil. A menudo te planteas que, si dejas de salir esa tarde, puedes trabajar y cobrar más. O al revés, si dejas de trabajar esa tarde, cobrarás algo menos pero te librarás del trabajo.

Para solucionar todo esto, podríamos seguir una serie de consejos. Espero que tengáis más suerte que yo en su aplicación, porque sinceramente me cuestan:

  • Fijar objetivos: cuánto vas a trabajar en un mes. Tratar, dentro de lo razonable, de no sobrepasarse ni quedarse corto.
  • Fijar tiempo (extensión): en función de lo primero, asignar tiempo, para que la tarea no se expanda indefinidamente.
  • Fijar tiempo (horario): Voy a trabajar de esta hora a esta hora. Hay que dejar tiempo para los imprevistos, pero asignar dos horas para algo que te puede llevar media hará que pierdas el tiempo en otras cosas. Cuanto más estricto sea el horario, menos problemas con la gente tendrás. Lo ideal, trabajar siempre con horario fijo, de forma que tus amigos sepan a qué hora no te van a encontrar. Sí, es difícil.
  • Fijar espacio: convencer a tu familia/amigos/pareja o quién sea que viva contigo de que, en tu horario de trabajo, no cuente contigo de la misma forma que en tu horario de ocio.
  • Lo perfecto no es rentable, pero cuándo los resultados de tu trabajo dependen de tí, la responsabilidad de hacer las cosas bien es importante. Las cosas siempre se complican, y requieren más tiempo del que en un principio pensamos. En ocasiones, reducir los objetivos es necesario a cambio de mantener la calidad. No gusta que ocurra esto, pero es necesario. Una vez leí algo sobre una metodología bastante distinta: alguien que se planteaba un tiempo determinado para unidad de trabajo, casi aleatorio en cada caso, unas 10 veces menor de lo normal, y que lo hacía en ese tiempo. En mi opinión, de ahí no puede salir nada bueno. Otra cosa es que, de media, a lo largo de un mes, puedas estimar el tiempo que te van a llevar tus objetivos.

Por cierto, todo esto viene al hilo de las teorías sobre el tiempo, tema bastante relacionado.

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