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iPad: no es lo que puede hacer él sino tú

[Obviamente esto no es un análisis técnico, para eso está Xataka, y para resaltar las bondades, Applesfera.]

ipad-apple-internet

Cada vez que Apple saca algún producto, me gustaría contar antes que nadie con dos unidades: la primera para utilizarla y la segunda para romperla con un martillo y colgar el vídeo en Youtube. Creo que es representativo de lo que opino de Apple: hacen las cosas bien, sus compradores no tanto.

Tampoco se trata de hacer un análisis del aparato. Sinceramente, posiblemente ni a mí ni a vosotros nos solucionaría nada. Y vamos al primer análisis que esperaba, el de Error500: “caro para ser un capricho, redundante para ser una compra práctica”. Porque no hace nada que no haga un iPod o un MacBook, ni siquiera ser más tecnocool.

Para mí el primer punto interesante es saber qué puedes hacer tú, no qué puede hacer el aparatito. Y aquí su principal característica no es técnica, es ergonómica. Puedo ver Facebook en el sofá, puedo leer en el tren o puedo colgarlo de la pared y utilizarlo de (caro) marco digital. Alguien, no diré quién, ha sugerido que revitalizará la industria del porno. Ni se me ocurren más ejemplos ni voy a detallar los puestos.

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Perversa abundancia

La tecnología elimina barreras, y nos acerca cada vez más a nuestros objetivos de comunicación y contenidos. Sin embargo, estos van cambiando a medida que los conseguimos.

Pongamos un ejemplo, el vídeo sobre estas líneas.

“Bergensbanen” es posiblemente el documental mas largo del mundo con siete horas y media de duración. Muestra cada minuto de viaje en formato panorámico desde Bergen, costa oeste noruega, a Oslo. (vía)

Economía de la atención

Hace un par de semanas, dediqué diez minutos a ver el corte que pongo aquí. Si hubiese tenido este vídeo hace diez años, probablemente me hubiese visto una o dos horas, pero hoy mi atención está repartida entre muchos más focos.

Lo curioso es que, hace cincuenta años, me hubiese visto el vídeo entero. Y hace cien, si fuese posible, me habría convertido en la persona más feliz del mundo por poder disfrutar de esa “magia”.

El encanto de los soportes físicos y algunos digitales

Con la música, ocurre un poco lo mismo. El encanto del componente fetichista va a menos. Antes escuchar un disco implicaba ir a la tienda y comprarlo, o copiar un cassete. En cualquier caso, siempre tareas que requerían el suficiente esfuerzo como para recrearse en ellas mientras las hacías.

Después llegaron los MP3, que para mí tenían un componente fetichista todavía mayor que los soportes digitales. Nunca he utilizado Napster, en mis buenos tiempos se negociaba en canales de IRC (Efnet) el acceso al FTP de turno en Suecia, Alemania o algún país con conexiones rápidas. Y cada disco llevaba una serie de archivos de información y control (.nfo, .sfv). Tener el disco sin eso era como tener un disco físico sin carátula.

Con el P2P se perdió este encanto. Hoy soy de esos que compra más discos que nunca, pero por su valor sentimental y para adornar estanterías. Antes de comprarlo ya lo tengo en MP3 o Spotify sin ningún esfuerzo.

El móvil mató a la planificación

Algo similar ocurre con la comunicación personal, aunque a esto ya nos hemos acostumbrado hace mucho. Internet la ha mejorado, pero el cambio lo supuso el teléfono móvil. Lo curioso es que esa hiperconectividad nos hace relajarnos y, a veces, perder oportunidades.

Conclusiones

1. Cada vez es más difícil hacer contenidos que te hagan la persona más feliz del mundo, incluso que sean suficientemente brillantes como para que dediques tu tiempo a ellos (economía de la atención). Esto, para mí, es bueno. Lo malo es que quizás hayamos perdido la capacidad de parar y disfrutar de una hora de vídeo de un tren, que nos hubiera hecho felices en otra época. No se trata de cosas que antes molaban y ahora ya no, se trata de cosas que siguen “molando” pero que ahora tienen más competencia.

2. Somos católicos. No por la religión, sino por la cultura del sufrimiento: no hay gloria si no hay un proceso que nos cueste un esfuerzo. Está en nuestros genes.

La solución no es crear barreras artificiales, como no escuchar un disco antes de comprarlo, o tirar a la hoguera los teléfonos móviles. Esto se lo dejamos a los tecnófobos, que no son más que frikis de lo analógico. Nos toca evolucionar, y desarrollar nuestro espíritu crítico. En “El golpe”, Robert Redford apuesta a la ruleta los 3.000 dólares que acaba de conseguir en un timo. Hasta los 90 era un comportamiento aceptable y humano. Hoy no: nos ha tocado la dura tarea de aprender a dar valor incluso a aquello que no nos cuesta conseguir. Y no es una tarea fácil.

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Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”

Cada cierto tiempo, alguna ley parece amenazar las libertades o el desarrollo tecnológico del país. El caso más sonado fue la famosa LOPD (Ley de Protección de datos), que nos iba a poner a todos con un DNI en la boca y a efectos prácticos ha sido un buen avance que sólo multa a aquellos que se lo merecen.

Sin embargo, hay algunas leyes que merecen el rechazo más absoluto y sí pueden significar inseguridad para los que trabajamos en Internet, y sí pueden llegar a significar que un organismo dependiente del Ministerio de Cultura pueda cerrar webs sin orden judicial.

Esta ley, incluída dentro del Anteproyecto de Ley de Economía sostenible (nombre al que mancilla por cierto, ya que las discográficas no van a ser precisamente los negocios más sostenibles), significa además una bofetada para los que también somos creadores de contenidos. Deberíamos tener los mismos derechos (o decidme por qué el guión de una película española debe tener más protección que un blog), pero nosotros no vamos pidiendo cerrar webs sin orden judicial por un organismo afín a nosotros.

Al final se trata de evitar que el lobby de creadores “clásicos” tenga su legislación ad-hoc para putear a usuarios y creadores en general.

Más detalles y enlaces en WeblogsSL, donde además hemos publicado el manifiesto en todos nuestros blogs.

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El blog del Citroën DS3 y los 3.000 euros al mes

Me ha llamado mucho la atención esta campaña, y me consta que no soy el único, ya que en las últimas 24 horas veo hablar de ella a mucha gente de diversos perfiles. Se trata de un proceso de selección de personal para escribir un blog sobre el Citroën DS3.

La marca cederá al elegido un coche durante un año, con gastos de mantenimiento incluidos (no se aclara si también combustible), y paga un sueldo bruto de 3.000 euros al mes, cifra que hace que a más de uno se le ponga el símbolo de € en las pupilas.

La jugada parece haberles salido redonda. Porque con los 36.000 euros de remuneración ese año no sólo están pagando a una persona que escriba, están pagando una campaña viral espectacular, asociando valores de estilo de vida y modernidad a un coche que abre un segmento nuevo en Citroën (utilitarios con aspiraciones premium). Y de rebote se aseguran que tendrán donde elegir a la hora de escribir el blog.

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Los blogs, 10 años después

Evento Blog 09
(Ilustres presentadores de EBE09)

Este fin de semana estamos en Sevilla, en EBE 09, un evento difícil de definir para quién no lo conozca. La definición que justifica asistir es “Conferencias relevantes sobre nuevos medios en Internet”, la oficial, “El encuentro de la web participativa”, y por último la peligrosa e incipiente línea en el último año: “el circo de Internet”.

Escribo esto desde la mesa redonda “El estado de la blogosfera”, con tres históricos que debaten sobre el estado de los blogs 10 años después de la aparición de servicios como Blogger.

¿Pero qué ocurre con ellos? Yo lo dividiría en tres casos, teoría aparentemente coherente con la posición de los ponentes:

1) Blogs personales

Parte de los blogs personales han muerto porque ahora existen herramientas más adecuadas para hacer lo que sus autores hacían en ellos: para subir fotografías o contar historias breves y, en general, estar en contacto con nuestro círculo social (personal o profesional), son más adecuadas herramientas como Facebook, Tuenti o Twitter, y la barrera de entrada es mucho menor.

2) Blogs como medios especializados

¿Qué es un blog? La pregunta encabeza todos los libros sobre “el fenómeno blog” de hace unos años. Es fácil ver que hay elementos en común, pero no hay una definición concreta. Un blog sin comentarios es un blog. Un blog sin RSS es un blog.

Los blogs como medios especializados, o “blogs profesionales”, han ido evolucionando hacia lo que siempre han tenido que ser: un producto que resuelve una necesidad de la mejor forma en cada momento. Pero su objetivo no es ser blogs, sino ser medios, adoptando la forma necesaria en cada momento. Por ello, llega un momento que, por su evolución, dejan de ser blogs.

Por ejemplo, la página de producto de Weblogs SL poco tiene que ver con un blog, se parece más a una página de Facebook. No por ello nuestras publicaciones dejan de ser un blog y se convierten en una red social, si no que adoptan lo mejor de ambas para convertirse en la herramienta con la que resolvemos un problema de la mejor forma posible.

Blogs profesionales y personales

Separo a propósito una clasificación que me trae por la calle de la amargura: medios (blogs o no) personales o profesionales.

El paradigma ha cambiado y no se trata de una clasificación binaria (personal o profesional) sino de una clasificación infinita, con dos características: blogs que nacen siendo personales acaban siendo más relevantes en su dominio que medios tradicionales (caso Microsiervos), y medios que en poco tiempo alcanzan una profesionalización que supera a otros supuestos profesionales (me reservo los ejemplos).

3) Blogs como blogs en el año 2009

Por ejemplo, mi blog. Que curiosamente está medio muerto, pero no lo ha matado Twitter ni Facebook ni ninguna moda pasajera: sólo mi falta de tiempo. Pero el hecho es que sigue siendo una herramienta igualmente válida que en 2003, cuando lo empecé. Y las herramientas que lo rodean, como agregadores y buscadores, siguen siendo igualmente válidas para distribuir y calificar el mensaje que busco.

Conclusión: ni debemos cambiar por cambiar, ni tampoco mantener una tecnología artificialmente sólo por nostalgia. Que cada uno piense qué mensaje quiere enviar y cuál es la mejor herramienta para hacerlo.